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así nació

Casa Artemio

Remontándonos a la década de los 50 nos encontramos con una pareja joven, Adoración y Artemio, han bajado al poblado de Torre de la sal.

 

Éste es un lugar muy diferente del que conocemos ahora, calles embarradas, decenas de barcas de pescadores en la arena esperando a la madrugada para salir a faenar, mujeres remendadoras incansables en su labor. 

 

Al norte, emerge un cuartel repleto de guardias civiles jóvenes, junto con sus superiores y sus familias, llenando de vida estas tres calles.

Como si de una aparición se tratase, de repente, una vacada aparece imponente por la orilla de la playa, la vista es sorprendente.

 

A primera vista no parece tan malo como cuentan, ya que dicen que aquí las casas son baratas porque nadie quiere vivir tan cerca de la playa y además, los mosquitos visitan a los vecinos prácticamente a diario -bueno, nos irá bien- le dice Dora a Artemio cogiéndole de la mano.

Una vez instalados mientras él les da la bienvenida, ella les cocina calderetas de pescado recién capturado a todas las familias que, poco a poco, van llegando a la aldea para pasar el día en la playa y disfrutar de los manjares que ofrece esta encantadora pareja, que acaba de tener a su bebé hace apenas unos meses y que se llama Artemio, como su padre.

Así es que Artemio es autóctono de Torre de la Sal y el orgullo de sus padres al continuar, junto a su mujer Conxin, con el negocio que ellos, con las manos vacías y con infinito sudor en la frente, consiguieron levantar de la nada.

 

Hoy, en pleno siglo XXI una de sus nietas, la más joven, sigue con el legado de esta herencia tan especial, con un concepto nuevo de restaurante pero manteniendo toda la esencia que su familia le ha transmitido año tras año.